EL DIRECTOR DE ORQUESTA Y SU BATUTA

Mucho más que unas manos que no dejan de moverse. La figura del director de orquesta es una figura indispensable. Es la cabeza, el corazón y el alma de una orquesta sinfónica. Y con él, siempre su batuta.

Lo primero que debemos saber es que su posición elevada tiene como objetivo que todos los miembros de la orquesta le visualicen sin problema. La amplitud de sus gestos puede parecer exagerada, pero teniendo en cuenta que los músicos le ven de reojo, deben ser movimientos algo «teatrales».

En la mano derecha suele llevar la batuta, para marcar el ‘tempo’, el ritmo del compás y su velocidad. La batuta sube y baja (un compás binario), parte de abajo, va hacia la derecha y sube (compás ternario) o parte de abajo, va hacia la izquierda, hacia la derecha y arriba (compás cuaternario). La mano izquierda es la encargada de indicar las entradas de cada grupo de instrumentos o de solistas.

Y ahora, algunos datos curiosos: cómo surgió, su evolución… Los antiguos directores de coro y grupos de músicos, según cuenta Plinio (23 d.C.-79 d.C.), historiador y naturalista romano del siglo I, acostumbraban a llevar el compás con el pie, para lo que añadían al zapato una suela de madera o de hierro llamada scabellum. La dirección resultaba un ejercicio realmente agotador y, digamos, poco serio.

El compositor Jean-Baptiste Lully (1632-1687) se provocó una herida en un pie con la batuta (en aquella época medían dos metros de largo y con ellas se golpeaba el suelo para marcar el ritmo y el compás). La herida resultó mortal debido a la gangrena. Otro inconveniente: se oía más el bastón del director golpeando el suelo que la música en sí. Para evitar estos y otros inconvenientes, algunos directores comenzaron a dirigir con la mano, de frente al público, hasta llegar a 1876, cuando el director se colocó por primera vez frente a su orquesta y de espaldas al público.